Me las arreglaba para ser el niño más feliz del mundo. Sergio Huidobro. Cardiópata. 26 años

on Sábado, 17 Enero 2015. Posted in Historias

amigosxmontones

 

 

La fiesta de cumpleaños más feliz que recuerdo fue la de mis cuatro años. Al momento de cumplirlos, el 14 de Marzo de 1992, estaba internado en el Instituto Nacional de Cardiología en espera de una cirugía para arreglar mi corazón… aunque eso yo no lo sabía. Como paciente del instituto, aún con las noches sin mi familia, lejos de casa y sin poder tener todos mis juguetes y libros a la mano, yo me las arreglaba para ser el niño más feliz del mundo, y con frecuencia lo lograba.

Tenía amigos por montones, me visitaba una enfermera bastante guapa y había comida gratis, ¿qué más se puede pedir? Pero esa felicidad, por supuesto, no se debía a que yo no entendiera qué me pasaba: después de la cirugía lo entendí y desde entonces hasta ahora, 22 años después, he sido tan feliz como lo fui entonces, en aquellos días. La única diferencia está en que soy más consciente que otras personas acerca del valor de la vida, de la salud y de la importancia de vivir cada día no como si fuera el último, sino como si fuera el primero: uno lleno de asombro por cada mínimo detalle de lo que nos rodea y de gratitud constante. Con el paso de los años he llegado a entender qué le pasa a mi corazón.

Ese aprendizaje, hay qué decirlo, ha sido la experiencia más fascinante que recuerdo: ¡qué artefacto más insólito cargamos todos en el pecho! Fuera de eso, mi cardiopatía no ha tenido ninguna otra intromisión en mi vida; no sólo ha sido una vida normal, sino una feliz, plena y llena de sorpresas, cada una más grande que la anterior. Hoy, llegué a convertirme en el escritor que había soñado cuando era niño. Un escritor como aquellos que escribieron los libros y revistas que leía en el Instituto mientras estuve internado… no tan bueno como ellos, claro, pero tengo siempre la satisfacción, cuando leo mi nombre al pie de un texto en una revista o una página de internet, de saber que aquél niño se salió con la suya.

Les escribo esto apenas unos días antes de cumplir un sueño, uno de los más grandes: visitar el Festival de Cine de Cannes, en el sur de Francia, para trabajar en él. Lo comparto con ustedes como un testimonio de que todos nuestros sueños, todos, incluso los que parecen más grandes, improbables o descabellados, están ahí esperando a que vayamos por ellos y no necesitamos hacer nada más que eso: ir. Una cardiopatía congénita no es ningún impedimento, sino todo lo contrario: ha sido una oportunidad.

La más grande de todas. Sergio Huidobro. Cardiópata

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